El domingo 16 de octubre, el Papa Francisco canonizará al niño José Sánchez del Río.

José Sánchez del Río fue un niño mártir durante la guerra cristera. Nació en 1913 en Sahuayo, Michoacán, hijo de Macario Sánchez y María del Río.

El Presidente de la República, Plutarco Elías Calles definió a su gobierno como anti religioso, motivo que lo llevó a perseguir y asesinar católicos. En 1926, la iglesia católica en consecuencia a las amenazas del gobierno suspendió el culto religioso en todo el país, algunos feligreses se levantaron en diferentes agrupaciones con el fin de defender la libertad religiosa.

José Sánchez del Río, a sus 14 años de edad, ante la negativa de su madre, decidió ingresar a la Defensa Religiosa como limpiador de armas, cuidador de caballos y ayudaba a preparar los alimentos de los generales y soldados cristeros. José pedía a sus compañeros que lo llamaran José Luis, con el fin de que el gobierno no diera y no le hiciera daño a su familia.

El 6 de febrero de 1928 fue apresado por los federales mexicanos, y fue encarcelado en una capilla de la Parroquia de Sahuayo, Michoacán. El diputado Picazo le ofreció varias oportunidades para huir pero José se negó siempre.

El 10 de febrero de 1928, lo sentenciaron a muerte, le desollaron los pies con un cuchillo y entre golpes lo hicieron caminar por las calles de Sahuayo hasta el cementerio; en el recorrido José gritaba “¡Viva Cristo Rey!”. Llegando al panteón lo apuñalaron varias veces, mientras él seguía gritando “¡Viva Santa María de Guadalupe!” y con un tiro en la cabeza lo asesinaron.

El milagro que lleva a Joselito a los altares es el de una niña sahuayense llamada Ximena, quien a los cuatro meses de edad le diagnosticaron con el 90% de muerte cerebral, al desconectarla sobrevivió, hoy tiene 5 años de edad y sin ninguna secuela.

El 20 de noviembre de 2005, en el estadio Jalisco, el niño mártir José Sánchez fue beatificado junto a otros 11 mártires de la defensa religiosa, durante el pontificado de Benedicto XVI. Este domingo 16 de octubre, en la plaza de San Pedro en El Vaticano, será elevado canónicamente a la dignidad de Santo de la Iglesia por el Papa Francisco.